Formación de las lenguas españolas
Antes de la llegada de los romanos, los pobladores de la Península Ibérica (vascos, tartesios, iberos…) hablaban diversas lenguas. A partir del año 218 a.C. empezó la ocupación de los romanos, y con ella, la difusión del latín, que acabó por ser la única lengua, junto al vasco, una lengua prerromana que pudo sobrevivir. Ese latín fue diversificándose, con el paso del tiempo, y dio lugar a hablas diferentes románicas, que fueron, de oeste a este: el gallego, el leonés, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán.
Al cabo del tiempo, tres de esas cinco lenguas (el gallego, el castellano y el catalán) contaban con un modelo propio de lengua ideal, que se manifestaba en obras literarias.
El gallego actual (y también el portugués) es el resultado de una lengua románica medieval, el gallego-portugués, que se formó, a partir del latín, en territorios al norte y al sur de río Miño.
El castellano, originado en Cantabria, se fue difundiendo por el sur con motivo de la Reconquista. Así fue abriéndose en forma de abanico invertido y tuvo cultivo literario desde época muy temprana. Se fue extendiendo por tierras leonesas, riojanas, navarras e aragonesas; también se extendió por el sur (en donde dio lugar a los dialectos extremeño, andaluz y murciano) y se llevó al norte de África, islas Canarias, América y Filipinas.
El catalán es la lengua latina que se habla actualmente en la región nordeste de la Península, en el antiguo Principado de Cataluña.
Dialectos que no se han constituidos en lenguas
Normalmente, lo que hoy es una lengua – el español, el catalán, el francés, etc. – fue originariamente una modalidad lingüística usada en un pequeño territorio. Tal modo de hablar, por circunstancias políticas, económicas y culturales, adquirió mayor prestigio que otros próximos; las comunidades cercanas fueron adoptándolo y constituyéndolo en su ideal de lengua. De ese modo, aquella lengua amplió su primitivo territorio, extendiéndose, sirvió de vehículo a una cultura diferenciada, se convirtió en lengua oficial del Estado, y dio lugar, con el correr del tiempo, a dialectos propios.
Pero hay casos en que las hablas locales de un territorio no han llegado a constituir un modelo de lengua culta, sino que sus hablantes han adoptado otra lengua como tal. Es lo que ocurrió en España en las áreas leonesas y navarro-aragonesas, donde el latín evolucionó de manera peculiar. En dichas zonas, los modos locales de hablar no salieron de su estado disperso, estado que continúa hoy, aunque actualmente se hacen esfuerzos por unificarlos.
Atendiendo a los rasgos comunes, se dan a tales conjuntos de modos locales de hablar, como dialectos que son del latín, los nombres de dialecto leonés y dialecto navarro-aragonés, respectivamente. Por sus territorios se extendió tempranamente el castellano como modelo de lengua, aunque sigan usando hoy, sobre todo en ambientes rurales, las modalidades locales medievales, más o menos castellanizadas. Las manifestaciones más importantes del leonés se dan en las hablas de Asturias (llamadas bables); y las del navarro-aragonés, en las hablas pirenaicas.
La situación lingüística en España. El bilingüismo.
Según lo que llevamos dicho, en España se hablan las siguientes lenguas: el gallego, el catalán, y el castellano, que son, genéticamente, dialectos del latín. Además, existe el vascuence o euskera, que no deriva del latín. Y algunos llaman lengua valenciana (o valenciano simplemente, como aparece en el Estatuto de Autonomía) a la modalidad catalana hablada en ese territorio que, llegó a tener no pocas peculiaridades fonéticas, morfológicas, sintácticas y léxicas.
Existen, por tanto, en España unos cuatro millones de ciudadanos bilingües que disfrutan del privilegio excepcional de poder comunicarse en dos lenguas españolas. Hablan indistintamente dos idiomas: el materno, esto es, el aprendido en el seno de su familia, y el castellano, lengua constitucionalmente común, que les sirve para entenderse con los demás españoles desconocedores de la otra lengua.
La coexistencia pacífica entre las lenguas españolas sólo se quebró en el siglo XVIII, al imponer el poder político la idea francesa de que debía haber una lengua única y central, y creció la idea de diglosia, esto es, de la opresión de una lengua por otra, que fue sentida por gran parte de los hablantes de lenguas castellanas. Y poco a poco las lenguas se convirtieron en banderas de doctrinas y movimientos políticos y se sucedieron conflictos graves, cuyas consecuencias aún perduran.
Con el restablecimiento de la democracia tras la muerte del general Franco, se dio pleno reconocimiento jurídico a todas las lenguas españolas, como se quedó recogido en la Constitución de 1978.
La lengua castellana
La lengua castellana se originó en una pequeña comunidad de Cantabria, en donde estaba en contacto con el euskera; la influencia de esta lengua inspiró algunos de los fenómenos más característicos del castellano, como fue la pérdida de la “F” inicial latina: faba – haba.
El castellano, con el paso del tiempo, se fue enriqueciendo con las aportaciones y préstamos de las otras lenguas españolas, y así fue haciendo suyas algunas palabras gallegas y castellanas. Del mismo modo, palabras y fenómenos lingüísticos castellanos han penetrado en las otras lenguas de España. Como es natural, la relación entre lenguas españolas es muy estrecha e intensa.
Cuando el castellano se extendió por el sur, las islas Canarias y América, se diversificó y, lógicamente, adquirió peculiaridades en cada lugar, aunque todos los hispanohablantes nos entendemos entre nosotros, pues compartimos un mismo ideal de lengua culta.
El castellano, al haberse extendido por territorios que, durante la Edad Media, habían creado modalidades románicas propias (León y Aragón, principalmente), se habla hoy más o menos impregnado de leonesismos o aragonesismos en tales territorios.
También presenta modalidades características el castellano implantado en el territorio donde vive otra lengua (Galicia, País Vasco, Cataluña, Valencia, Baleares).
Las modalidades territoriales del castellano en el sur de la Península y en Canarias (donde se implantó por los conquistadores y colonos) obedece otras causas:
- procedencia diversa de quienes se instalaron en dichos lugares: castellanos, pero también aragoneses, catalanes y valencianos por Murcia y este de Andalucía, y leoneses por Extremadura;
- evolución propia del castellano en dichos territorios meridionales, que han dado lugar a diversas modalidades dialécticas (murciano, extremeño, variedades del andaluz, canario) que nuestro idioma presenta en dichas regiones.
El castellano es el español por antonomasia, aunque sean también españolas las otras lenguas del Estado.
Las lenguas oficiales
Recibe el nombre de lengua oficial aquella que puede o debe ser utilizada en todo el territorio de un Estado, a todos los efectos y por todos los ciudadanos. En nuestro país (España) existe una lengua oficial común a toda la nación, el castellano, y otras lenguas que comparten con él la oficialidad (lenguas cooficiales) en sus respectivos territorios. Así, en España, el gallego en Galicia, el euskera o euskara en el País Vasco, el catalán en Cataluña, el valenciano en Valencia, y la modalidad balear del catalán en estas islas.[1]
[1] (Sacado y adaptado exclusivamente para fines didáticos de: LÁZARO CARRETER, F. y MARÍN MARTÍNEZ, J. M. Lengua Castellana y Literatura. Barcelona, Anaya, 1996, pp 24-7)

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